1 de noviembre de 2016

La Palabra Sobre La Oración

Quien ama a Dios, Lo recuerda siempre, y esta memoria atrae la oración. Si no vas a recordar a Dios, tampoco vas a rezar, y sin esto el alma no permanece en el amor Divino, porque la oración atrae la gracia del Espíritu Santo. La oración protege al hombre del pecado, porque el que reza piensa en Dios y humildemente está ante Dios, a quien conoce el alma del que reza.
La oración se da al orante, como dicen las Escrituras, pero una oración solo por costumbre, sin arrepentimiento en el corazón de los pecados no es deseable a Dios. El alma amante tiene necesidad de rezar porque es atraída por la Gracia que conoció en la oración. Tenemos templos para rezar. En los templos el servicio se hace de acuerdo con los libros, pero ellos no están siempre a nuestro alcance, pero la oración interior del alma está siempre contigo. El Espíritu de Dios vive en el templo y ahí hay servicios religiosos, pero el alma humana es el mejor templo, y quien reza en el alma tiene el mundo entero como templo, pero esto no es para todos...

Muchos rezan oralmente y les gusta rezar de acuerdo a los libros y el Señor recibe la oración y los perdona. Pero si alguien reza y piensa en otra cosa, tal oración el Señor no la escucha. Quien reza por costumbre no tiene cambios en el modo de rezar, pero el que reza con devoción tiene muchas variedades de rezo: puede ser la lucha con el enemigo, la lucha consigo mismo, la lucha con las pasiones, la lucha con la gente y en todo hay que ser valiente. A muchos les gusta leer libros buenos, esto está bien. Pero mejor de todo es rezar.


Si tu mente quiere rezar con devoción y no puede, entonces pronuncia la oración con la boca y tenga la mente en las palabras de la oración, como enseña "la escalera" de Juan el Lestvichnik (llegar a la perfección — por etapas). Con el tiempo el Señor te dará la oración del corazón, sin distracción y te será fácil rezar. Algunas personas, sin tener preparación necesaria, se han hecho daño en su corazón, tratando mentalmente introducir el rezo en el corazón y llegaron al punto que después no lo pudieron pronunciar con la boca. Hay que saber las etapas de la vida espiritual: los dones se dan a un alma humilde, sencilla, obediente. Quien es obediente y moderado: en la comida, en las palabras, en los movimientos, a aquel Dios dará una oración que se realizará fácilmente en el corazón.

La oración incesante viene del amor, pero se pierde: por las críticas, por habladurías y por la intemperancia. Quien ama a Dios puede pensar en Él día y noche, porque nada impide amar a Dios. Los Apóstoles amaban al Señor y el mundo no les molestaba, aunque ellos recordaban al mundo, rezaban por él y predicaban ahí.

- San Silvano el Athonita 



18 de septiembre de 2016



La Santa Iglesia

Todo lo que escuchamos en la Santa Iglesia, durante los Oficios Divinos es la Verdad; es el soplo y
la enseñanza del Espíritu Santo. Cada pensamiento y cada palabra de la Santa Iglesia, deben ser escuchados con devoción y respeto. Acordándonos que el dominio de la palabra y el pensamiento pertenecen a Dios, como también todo el mundo visible e invisible.

Cada palabra de la Sagrada Escritura, de la Divina Liturgia, de los Oficios de la mañana y de la noche, de las oraciones Sacramentales y otras, tienen en sí el poder que les corresponde, semejante al poder de la Santa Cruz. Esta gracia está presente en cada palabra de la Iglesia, por la Encarnación Personal del Verbo de Dios, que es la Cabeza de la Iglesia y que habita en Ella. ¡Con qué atención y reverencia, con qué fe debemos pronunciar cada palabra! Porque la Palabra es el Creador Mismo, Dios, y por medio de la Palabra todas las cosas fueron hechas de la nada al ser.

"Yo soy la Vid," dice el Señor, "vosotros sois las cepas" (Jn. 15:5), es decir, la Santa Iglesia. Por lo tanto como el Señor es Santo, también lo es la Iglesia. Como el Señor es "El camino, la Verdad y la Vida"(Jn. 14:6)también lo es la Iglesia, porque Ella es una con Dios. Cuerpo de Su Cuerpo y Hueso de sus Huesos ("o sus cepas"). Arraigado en El, la Vid Viviente, alimentada y creciendo en El.


                                                                                - San Juan de Kronstadt