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LA PROVIDENCIA DIVINA SOBRE EL HOMBRE

LA PROVIDENCIA DIVINA SOBRE EL HOMBRE Por el Staretz (Anciano) Paisios (Eznepidis, Monte Athos, 1924-1998) La vida de Santo Paisios Después del servicio militar, el futuro Anciano Paisios, se fue al Monte Santo, ya que había decidido llevar ahí una vida monástica. En 1950, de nuevo llegó al Monte Athos. La primera noche fue recibido con hospitalidad en la celda del monasterio de san Juan el Teólogo, que se encuentra al lado de Karea. Luego se dirigió al hermitario de San Pantaleón, en la celda de la Introducción, donde se encontraba un virtuoso confesor el Padre Cirilo, asceta, originario de Arginio. A Paisios le gustaba estudiar la vida de los Santos, el Patericon (un libro con dichos y hechos de santos padres) y a Abba Isaac, del cual nunca se separaba, y durante el sueño lo tenía bajo la almohada. Cuando él terminaba su debida obediencia, no iba a descansar a la celda, sino que ayudaba a los otros hermanos a terminar sus trabajos, ya que no se sentía capaz de descansar mientras los de…
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La Dormición de la Madre de Dios

El Señor, que dio en el Monte Sinaí su Quinto Mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre» (cfr. Éxodo 20:12), mostró por su propio ejemplo cómo uno debe respetar a sus padres. Colgando de la Cruz en agonía él recordó a su madre, y dirigiéndola al apóstol Juan, le dijo: «Mujer, he ahí a tu hijo» (cfr. San Juan 19:26). Después de esto, dijo a Juan: «He ahí a tu madre» (cfr. San Juan 19:27). Y proveyendo así para Su madre, exhaló su último suspiro. Juan tenía un hogar en el Monte Sión en Jerusalén en que la Madre de Dios se asentó; allí vivió el resto de sus días en la tierra. Mediante sus oraciones, sus tiernos consejos, su humildad y su paciencia, ella ayudó grandemente a los Apóstoles de su Hijo. Pasó la mayoría del tiempo en Jerusalén, visitando a menudo los lugares que le recordaban los grandes eventos y las grandes obras asociadas con su Hijo - principalmente el Gólgota, Belén y el Monte de los Olivos. De sus viajes más largos, se mencionan su visita a San Ignacio el Teóforo en An…

La Esperanza

Todos, los que tienen una firme esperanza en Dios, se elevan a Él y se iluminan con el resplandor de la luz eterna.

Si el hombre no se ocupa demasiado de sí mismo por el amor a Dios y para las obras de virtud sabiendo que Dios se ocupa de él, entonces su esperanza es verdadera y sabia. En cambio, si el hombre confía solamente en sí mismo y sus actos y se dirige a Dios solo cuando tiene grandes e inesperadas dificultades y solo cuando ve la insuficiencia de sus medios empieza a confiar en la ayuda de Dios, entonces tal esperanza es vana y falsa. La verdadera esperanza busca sólo al Reino de Dios y está segura de que todo lo necesario para la vida temporal le será dado siempre. El corazón no puede tener paz hasta que logre tal esperanza. Ella es la que lo apacigua totalmente y le da alegría. Sobre este tipo de esperanza dijo nuestro Salvador: "Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar" (Mt. 11:28).
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El Justo Lázaro, Príncipe de Serbia

Lazar Hrebeljanović, también conocido como el Zar Lazar, fue un noble serbio (Knyaz), gobernante de Serbia, que luchó y murió en la Batalla de Kosovo, a la que su nombre y vida están indisolublemente vinculados. Es una figura heroica en la mitología serbia, y un santo de la Iglesia Ortodoxa Serbia.

Lazar nació en Prilepac (cerca de Novo Brdo) en 1329. Era hijo del canciller imperial Pribac Hrebeljanović, de una familia originaria del clan Grbalj. Se educó en la corte del Zar Dušan en Prizren. Más tarde fue ascendido a Knez (Knyaz) por el sucesor de Dušan, el Zar Stefan Uroš V. A pesar de su título imperial, Uroš era un líder débil e ineficaz, lo que permitió a los nobles locales ganar poder e influencia a costa de la autoridad central.

Lazar dejó Prizren a principios de los años 1370 y se dedicó a consolidar su poder en las regiones del norte de Serbia en torno a su corte en Kruševac. Aunque se comprometió como vasallo de Stefan Uroš, en 1371 se negó a participar en la Batalla de Maritz…