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Mostrando entradas de agosto, 2018

La Dormición de la Madre de Dios

El Señor, que dio en el Monte Sinaí su Quinto Mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre» (cfr. Éxodo 20:12), mostró por su propio ejemplo cómo uno debe respetar a sus padres. Colgando de la Cruz en agonía él recordó a su madre, y dirigiéndola al apóstol Juan, le dijo: «Mujer, he ahí a tu hijo» (cfr. San Juan 19:26). Después de esto, dijo a Juan: «He ahí a tu madre» (cfr. San Juan 19:27). Y proveyendo así para Su madre, exhaló su último suspiro. Juan tenía un hogar en el Monte Sión en Jerusalén en que la Madre de Dios se asentó; allí vivió el resto de sus días en la tierra. Mediante sus oraciones, sus tiernos consejos, su humildad y su paciencia, ella ayudó grandemente a los Apóstoles de su Hijo. Pasó la mayoría del tiempo en Jerusalén, visitando a menudo los lugares que le recordaban los grandes eventos y las grandes obras asociadas con su Hijo - principalmente el Gólgota, Belén y el Monte de los Olivos. De sus viajes más largos, se mencionan su visita a San Ignacio el Teóforo en An…

La Esperanza

Todos, los que tienen una firme esperanza en Dios, se elevan a Él y se iluminan con el resplandor de la luz eterna.

Si el hombre no se ocupa demasiado de sí mismo por el amor a Dios y para las obras de virtud sabiendo que Dios se ocupa de él, entonces su esperanza es verdadera y sabia. En cambio, si el hombre confía solamente en sí mismo y sus actos y se dirige a Dios solo cuando tiene grandes e inesperadas dificultades y solo cuando ve la insuficiencia de sus medios empieza a confiar en la ayuda de Dios, entonces tal esperanza es vana y falsa. La verdadera esperanza busca sólo al Reino de Dios y está segura de que todo lo necesario para la vida temporal le será dado siempre. El corazón no puede tener paz hasta que logre tal esperanza. Ella es la que lo apacigua totalmente y le da alegría. Sobre este tipo de esperanza dijo nuestro Salvador: "Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar" (Mt. 11:28).
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